Raqueros


1999

152 x 670 x 220 cm, Bronce

Extracto de entrevista (2013)

Primero, ¿Que era su inspiración por la escultura? ¿La poema por José María de Pereda? ¿O alguno diferente?

Lo mas importante para mi fue relacionar las figuras pequeñas y vulnerables de los niños desnudos con el muro masivo del muelle y su dureza. Antes de que me encargaran la escultura para Santander yo ya había realizado varios grupos con composiciones diversas a escala menor. En muchas de estas esculturas, incluida la primera de ellas del año 1980, el muro estaba fundido en bronce al igual que las figuras. El muro era parte integrante y esencial de la obra.

Partiendo de estos modelos, en el año 1981 me encargaron un grupo de raqueros a tamaño natural para la entrada del restaurante Cabo Mayor de Madrid. Los Raqueros del puerto de Santander son del año 1999.

Segundo, Por el niño (de Los Raqueros) que está tirando al mar, ¿Como lo hizo Usted? Creo que la escultura esté adjuntado del muelle, ¿verdad?

Si, la escultura saltando esta anclada al muelle por medio de 4 barras y una placa de acero inoxidable. La postura de saltar con las piernas plegadas esta determinada por dos razones. La primera es una decisión estética, ya que si se observa todo el grupo desde los laterales, este, (siguiendo el arco que forman las cabezas), tiene forma de abanico lo que sugiriere toda una secuencia de movimiento. Si el niño tuviera las piernas estiradas, visualmente el centro de gravedad de todo el grupo se vería distorsionado y adelantado hacia el exterior.

La segunda razón es funcional, ya que esta postura con las piernas plegadas me permitió diseñar una estructura con las barras de acero capaz de sustentar la escultura. Con las piernas estiradas el peso de la escultura se hubiera desplazado hacia afuera y además la estructura hubiera sido menos resistente.

Tercero, ¿Que quiere Usted, las personas piensan cuando ver la escultura?

Los raqueros eran personajes populares que como bien dices describió Pereda. Eran hijos de pescadores humildes que vagaban ociosos por el puerto. Cuando se trata en arte con temas costumbristas, a menudo hay el riesgo de caer en una apología de la pobreza y de la libertad consecuencia de ella y de la falta de responsabilidades atribuida a la niñez. Esto es muy común en el siglo XIX.

Yo he tratado de dar a mis raqueros una dimensión mas acorde a nuestro tiempo, casi diría que existencial. No hay elementos anecdóticos tales como objetos de pesca o ropa por ejemplo, para así evitar en lo posible que la escultura sea narrativa.

Aunque vista lateralmente la escultura se recompone (la forma de abanico o el movimiento conjunto antes mencionado), cuando la observamos desde atrás la distancia entre las figuras es muy grande, no habiendo relación entre los personajes, lo que apuntaría a la soledad inherente al individuo. El niño saltando al mar es una metáfora de un salto al vacío, o a un futuro incierto, condicionado en parte por el azar y en parte determinado por la clase social.