Emergencia (de emerger), Galería Ferrán Cano

(Traducción del inglés original revisada por su autor Christian Viveros-Fauné)

Monumento a una idea

Escultura como filosofía en el trabajo de José Cobo

Explicar lo obvio es a menudo una invitación a cuestionarlo. Aunque contraria a la intuición, esta es una idea contundente esgrimida por el filósofo americano Eric Hoffer. El pensamiento me vino al considerar la escultura decididamente realista de José Cobo. Si la pintura realista orientada hacia lo conceptual ha reaparecido de forma significativa desde mediados de 1990 – piensen en John Currin, Lisa Yuskavage y Luc Tuymans, entre otros - entonces tendría sentido que la escultura realista experimente una revisión similar. No lo ha hecho. Tanto mejor para nosotros que el arte contumaz de José Cobo se mantenga. Como un explorador avanzado, su trabajo señala tanto lo que es posible como lo que aún necesita crearse. Como Willem DeKooning dijo, uno tiene que demostrar que algo está equivocado haciéndolo.

Por citar al crítico Terry Eagleton en su audaz y revisionista After Theory del año 2003, la teoría cultural - un término que abarca toda una estructura de educada critica de salón - que una vez prometiera enfrentarse con los problemas más importantes del pueblo, pero que fracaso miserablemente. “ Ha sido una vergüenza en lo que concierne a la moralidad y a la metafísica”, Eagleton era fulminante, “avergonzada del amor, la biología, la religión y la revolución, en gran parte silenciosa sobre el mal, reticente sobre la muerte y el sufrimiento, dogmática sobre las esencias, los universales y los fundamentos, y superficial sobre la verdad, la objetividad y el desinterés.

Sustituye la palabra arte por teoría cultural y estarás justamente descubriendo un universo paralelo para cosas que regularmente llenan las galerías contemporáneas y los museos desde Nueva York hasta Barcelona. Mientras actualmente montones de artistas plásticos acuden a temas como praxis de Michael Jackson y a las posibilidades emancipatorias del minimalismo escultórico tardío, muy pocos se apuntan a abordar lo que una vez se etiquetó como “grandes narrativas” - historias sobre cómo la gente normal se debate con el dolor, la injusticia, el sufrimiento y lo que Cobo en una presentación reciente en Vermont, llamó el poder de la moralidad y las convenciones sociales para “realzar o destruir una vida”

José Cobo es un artista claramente preparado para aventurarse en un terreno impopular en vez de seguir el hipster del arte y el conformismo académico. Durante mucho tiempo dedicado a un trabajo que - aunque inteligente y a veces sarcástico - raramente ha recurrido a la ironía o a sistemas de signos crípticos, Cobo hace esculturas figurativas de gente y animales prendidos en estados de atención y de contemplación. Más próximo a las pinturas melancólicas de Edward Hopper - cabe preguntarse si el tiempo de estudio de Cobo en Chicago no incluía horas frente a Nighthawks de Hopper - que a la extroversión brillante asociada con las generaciones del arte prefabricado desde los Pop, las esculturas de Cobo se confirman definitivamente como realistas mientras permanecen inmunes al romanticismo de la estatuaria convencional. Sus figuras rehúyen el realismo camp de Jeff Koons, Takahashi Murakami y Maurizio Cattelan, por una profunda poesía visual humanista arduamente conseguida.

Cobo trabaja en el punto ciego del arte contemporáneo, que es por lo que sus esculturas de resina a escala real - a pesar de ser tan familiares - siempre son tan sorprendentes. Si la figuración después del Pop saboreaba lo ordinario, la gente ordinaria estaba visiblemente ausente. Cobo, por su parte, busca encuentros con la gente normal, aunque sólo sea para expresar su reflejo simbólico aguzado y mas resonante. Mas que un entorno de suma-cero en que los gestos humanos y las posibilidades creativas que ellos engendran están limitadas, Cobo abarca la escultura como un terreno ilimitado de expresividad con significado que abarca tanto la historia del arte como la normal, la de la vida diaria. El artista mismo se ha referido a este entendimiento expandido sobre el origen del arte:

“Cuando yo era un artista joven se temía que el arte se agotara por la sucesión de vanguardias. Percibíamos que había un almacén de estilos, por ejemplo, de tonos musicales que estaban en algún lugar en una nube (supongo que algún terreno platónico) allí esperando para ser reclamados por gente con talento. El despliegue se iría produciendo hacia adelante para definir la historia, mientras quedara material disponible. Francis Bacon se quejaba de que Picasso había hecho de todo y por lo tanto no había dejado nada para que otros artistas lo encontraran… Ya no es así. Las combinaciones entre información y reinterpretaciones personales son infinitas.” Claramente, Cobo favorece, el enturbiado, a veces difícil, proceso generativo efectuado no solo por el arte y la teoría del arte, sino también por la cultura en general.

De hecho, es correcto decir que los procesos culturales y sociales que Cobo describe aquí forman su sustancia como artista. En las propias palabras de Cobo, lo que le ocupa es “la transmisión cultural de ideas que evolucionan en un medio natural y social cambiante”. Pero no son ideas en abstracto lo que le interesa a Cobo sino cómo estas cambian o minan el entorno humano – la manera en las que estas se relacionan con cuestiones tan básicas como el aprendizaje y tan urgentes como la vida y la muerte. Nos adaptamos a innovaciones o a cambios políticos y sociales, su arte sugiere, y estos a nosotros. En la disputa entre naturaleza o educación, Cobo claramente se inclina del lado de la constante tendencia de los seres humanos hacia la adaptabilidad a corto y a largo plazo.

Una revelación absoluta sobre donde residen los intereses de este artista es cómo ha escogido definir la escultura en su exposición más reciente. Evocadoramente titulada “Emergencias ( de emerger)” la exposición contiene trabajos que se refieren a la fragilidad y al misterio ligados a la figura humana contemporánea. Raramente representados desnudos, los humanoides de Cobo ejecutan pequeños dramas que aluden a sus respectivas conexiones con estructuras psicológicas profundas en el ámbito de la cultura. Las esculturas modeladas de Cobo - con sus resonancias de Manet, Velázquez, Rodin y a la larga de la estatuaria griega - atavían la figura humana para canalizar narrativas domésticas, significativas oblicuidades y articulaciones parciales que sobre todo, sirven como indicadores de un artista intensamente curioso y que siente su trabajo.

Una escultura tal es “Tar Father & Chocolate Baby”. Un trabajo que presenta dos figuras de resina de pie que representan a un hombre adulto y a su joven hijo. El arreglo en la composición muestra a estos miembros inanimados de la especie de color oscuro, desventurados turistas equipados con chanclas y atavíos de playa. La figura del padre es de altura antinatural con sus bermudas y camiseta; un brazo imposiblemente largo agarra la mano del niño. El niño, por su parte lleva un chaleco salvavidas como protección (¿pero de que?). Aquí Cobo ilustra en tres dimensiones una clase especial de terror que la mayoría de la gente conoce demasiado bien aunque raramente lo admita: a saber, que no puede tomar bastantes cuidados o precauciones para proteger totalmente a su retoño del desastre que acecha detrás de cada vacación al sol.

Otra escultura que investiga el tema del cambio a través del crecimiento es una de las varias que Cobo ha hecho sobre niños - según ha admitido el mismo artista, como una respuesta a su paternidad. Una figura fundida de un niño de aproximadamente cinco años que se muestra curvado sobre una serie de dibujos esparcidos por el suelo de la galería, el trabajo muestra también otro momento aislado que Cobo presenta como un posible acontecimiento crucial. Resulta familiar debido a que es una escena que por estar siempre tan presente puede pasar desapercibida. Este momento fundamental es reproducido como un facsímil congelado y blanqueado de un acontecimiento de carne y hueso. El uso mínimo de color en la escultura contrasta con los tonos variados de los dibujos para mostrar un espectro de la realidad - algo así como una versión sólida y dura que emerge de las sombras proyectadas a través de la caverna de Platón.

Un tercer trabajo de Cobo, “La Caverna”, apunta directamente hacia la metáfora arquetípica de Platón sobre la realidad sin adornos y sus idealizaciones concomitantes. Consiste en una escultura de un niño, su sombra ampliada, y una proyección silenciosa de imágenes de una cueva y un túnel de autopista con vehículos atravesándolo. La instalación actualiza la imagen del sabio mientras se enfrenta a lo que son esencialmente temas indóciles sobre lo que significa percibir e interactuar con las cosas en el mundo. Una versión de filosofía proyectada en tres dimensiones, esta y otras esculturas de Cobo operan como un monumento a una idea cambiante, inquietante y legendariamente espinosa. Cobo libera su potencial visual y escultórico. Con ello, el renueva nuestra habilidad para continuar una conversación absolutamente fundamental sobre lo que significa ser humano.

Christian Viveros-Fauné

Brooklyn, 2010